Haroldo poseia la "sana costumbre" de dedicarse a disfrutar de su casa.Solia levantarse a tomar unos mates por la mañana,dedeicarle unas horas a la lectura,de algunos de sus escritores favoritos,los releia,los pensaba e imaginaba las situaciones por la que atravezaban los personajes en su entramado "de cortezanas bufonas".Luego de fantasear con ellos los devolvia a su biblioteca,que era bastante voluminosa y los dejaba descansar.Hasta que se enganchaba a escribir,ya acelerado por la mateina,vigoroso,intelectualmente avido de comunicar,de trasmitir alguna idea,alguna sensacion,una frase que pudiera dejar pensando a quien alguna vez lo leyera.Poseia con las palabras cierta eroticidad,como cuando abrazaba a su amante,con aires altivos,arrogantes,sabiendose dueño de si,pero tambien entendiendo que las letras no se le iban a ceñir a su cintura ciclopea, sin sostener cierta autonomia,gatuna,celosas de ser descubiertas,y aflorar asi por que si ,porque Haroldo quisiera convocarlas ,conjurarlas-conjugarlas,sin maniatarlas a un renglon,ni menos dispararles en un cuaderno a renglones como calamar en su tinta,que sabia siempre a apartheid, que el siempre queria liberarlas de la tirania de la maquina de escribir de sus propios dedos que tamborilleaban sobre ella,de su propio impulso contradictorio,de abordarlas y sondearlas de una sola vez ,como a vuelo de pajaro.Las letras a veces se ceñian a su razon,a sus gustos,otras se maquillaban como para la ocacion,le coqueteaban,seducian,y a veces lograban extraviarlo,oscurecerlo,haciendolo que fondease el lecho de un lodazal,que intentaba ahogarlo en su voragine de cuentos de barcos,consumados,devenidos en aeroplanos,que hacian deslizar aviones modernos,surcando cielos y sorteando comulus nimbus,arrojandolo lejos de la literatura,o a veces profundizandola.El cuento era un viaje a sendero abierto,entre cañadones,donde uno debia caminar y saberse si uno estaba a cubierto,en defensa y tacticas apropiadas para afrontar,los ataques intespestivos,un abordaje que no fuera el apropiado,lo podia conducir a su propia muerte como escritor del golfo aleatorio,lo que uno no queria contar,sino lo que el inconciente obligaba,y tal vez alli ganaba la literatura,en ese escurrirse en esos pantanos que nos devora,que nos invita a morir cual fedayin,pero a la vez intentamos acudir a que alguien nos ayude,un salvataje con una rama de ciencias, y ella la divina enciclopedia nos atora con una pregunta, de si uno cree en Dios ,y uno. que es una persona materialista ,como un tal señor de la buena pipa(y de tu cuento),nos invita u obliga,o mejor dicho a que renunciemos a nuestra profesion de fe,y cual Galileo,la engañamos a la anciana,y le declaramos que hemos renunciado y que Dios via ella, la señora literatura, nos va a salvar de la locura,creyendoles a angeles caidos, hechos de dinamita y polvora humedecida.Y volamos siendo sueños de rosas rojas en un piano.Y la temperatura vuelve a Haroldo y consumamos el sueño de volverlo a la vida,seguramente en escritos roidos por ratones,en devaluaciones de un tal fuman Capote que entra en "Crisis","todos los veranos"
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